Los Nueve Libros de la Historia
Los Nueve Libros de la Historia VI. Asà hablaba Mardonio, ya por ser amigo de nuevas empresas, ya por la ambición que tenÃa de llegar a ser virrey de la Grecia. Y en efecto, con el tiempo logró su intento, persuadiendo a Jerjes a entrar en la empresa; si bien concurrieron otros accidentes que sirvieron mucha para aquella resolución del persa. Uno de ellos fue el que algunos embajadores de Tesalia, venidos de parte de los Alévadas, convidaban al rey a que viniera contra la Grecia, ofreciéndose de su parte a ayudarle y servirle con todo celo y prontitud, lo que podrÃan ellos hacer siendo reyes de Tesalia. El otro era que los Pisistrátidas venidos a Susa no sólo confirmaban con mucho empeño las razones de los Alévadas, sino que aún añadÃan algo más de suyo, por tener consigo al célebre ateniense Onomácrito, que era adivino y al mismo tiempo intérprete de los oráculos de Museo, con quien antes de refugiarse a Susa habÃan ellos hecho las paces. HabÃa sido antes Onomácrito echado de Atenas por Hiparco, el hijo de PisÃstrato, a causa de que Laso Hermionense le habÃa sorprendido en el acto de ingerir entre los oráculos de Museo uno de cuño propio, acerca de que con el tiempo desaparecerÃan sumidas en el mar las islas circunvecinas a Lemnos; delito por el cual Hiparco desterró a Onomácrito, habiendo sido antes gran privado suyo. Entonces, pues, habiendo subido con los Pisistrátidas a la corte, siempre que se presentaba a la vista del monarca, delante de quien lo elevaban ellos al cielo con sus elogios, recitaba varios oráculos, y si en alguno veÃa algo que pronosticase al bárbaro algún tropiezo, pasaba éste en silencio, mientras que, por el contrario, al oráculo que profetizaba felicidades lo escogÃa y entresacaba, diciendo ser preciso que el Helesponto llevase un puente hecho por un varón persa, y de un modo semejante iba declarando la expedición.