Los trabajos y los días
Los trabajos y los días Mas Zeus ocultó la Vida—irritado en su corazón—ya que le había chasqueado Prometeo, el de ingenio sutil (15). De ahí el porqué comenzó a maquinar contra los hombres tristes pesares, y ocultóles el fuego. Pero de nuevo el valiente hijo de Japeto en honda férula (16) se lo robó al prudente Zeus, para dárselo a los hombres, engañando así al dios (17) que se goza en el rayo.
Y enfurecido, le dijo Zeus que amontona nubes (18):
"¡Hijo de Japeto, que a todos superas en astucias, te alegras de haber robado el fuego, burlando mis designios! ¡ Gran azote para ti, y para los hombres venideros! ¡ A ellos, yo, en lugar del fuego, les daré un mal, con el que todos se gocen de corazón, abrazando a la vez su propia ruina!
Así dijo, y rompió a reír el padre de hombres y dioses (19); ordenó a Hefesto (20) que al punto mezclase tierra y agua, le infundiera voz y fuerza de un ser humano y formase, parecido a las diosas inmortales, un hermoso y adorable cuerpo de virgen. Mandó después que Atenea (21) la instruyese en sus labores, en el tejido de primorosas telas; y que la dorada Afrodita (22) circundase de gracia su frente, imprimiéndole el doloroso deseo y las ansias que devoran los miembros. A Hermes (23)—mensajero matador de Argos (24)— encargó que le infundiese espíritu de perra y corazón ladino.