El Eternauta
El Eternauta En la base, la tensión era cada vez más densa. Mendéz comenzaba a desmoronarse. La cadena de mando se aflojaba. La moral pendÃa de un hilo. Pero Juan seguÃa. No por heroÃsmo, sino por Elena. Por Martita. Por la idea, absurda y persistente, de que aún se podÃa regresar a casa.
—La esperanza es un veneno lento —le dijo Favalli una noche—. Pero es lo único que nos mantiene vivos.
Y entonces ocurrió el primer contacto.
En una operación de reconocimiento, capturaron a uno de los Hombres-Robot. No era una máquina. Era humano. Un ser sometido, esclavizado mentalmente por un extraño artefacto incrustado en la nuca.
—No luchan porque quieren —murmuró Juan, al ver los ojos vacÃos del prisionero—. Luchan porque están controlados.
La revelación cambió todo.
El enemigo era más complejo de lo que habÃan imaginado. No solo usaba armas biológicas y monstruos, también utilizaba personas. Soldados robados. Voluntades anuladas. Una tecnologÃa de sometimiento total.
—¿Y si somos los siguientes? —preguntó Franco, con un temblor en la voz.
El terror ya no era morir. Era dejar de ser uno mismo.