El Eternauta
El Eternauta No había dudas. Juan lo había visto. No un soldado. No un esclavo. Uno de Ellos . Una figura alta, esbelta, de apariencia translúcida, con ojos carentes de emoción. Era una presencia que no parecía de este mundo —ni de ningún mundo conocido. Un ente que flotaba más que caminaba, que no necesitaba armas para infundir pavor.
—Ya no es teoría, Favalli. Están entre nosotros. Son reales —dijo Juan, con una mezcla de espanto y resolución.
El ataque al puesto de comando había sido un desastre. Muchos murieron. Mendéz desapareció. El grupo se fragmentó. Solo algunos regresaron. Y lo hicieron cambiados.
La base de resistencia era ahora una sombra de lo que fue. Rota. Silenciosa. Algunos hablaban en susurros, otros simplemente se quedaban mirando el vacío.
Fue entonces cuando empezó el rumor.
—Hay un traidor entre nosotros —dijo Franco, mirando a todos con desconfianza.
Las sospechas crecieron. Alguien estaba informando a los invasores. Las patrullas caían con precisión quirúrgica, como si alguien les marcara el camino. Nadie dormía tranquilo. Nadie confiaba.