El Eternauta
El Eternauta Juan, mientras tanto, no podÃa quitarse de la mente a aquel ser. Uno de Ellos. Lo habÃa sentido. No solo lo habÃa visto. Era como si su mera presencia distorsionara la realidad.
—No percibà miedo. Ni odio. Solo… control —le explicó a Favalli.
Y entonces, sucedió lo impensable.
Un equipo de reconocimiento, liderado por Franco, regresó con un prisionero. No era un Hombre-Robot. Era algo más. Una criatura insectoide, de múltiples patas, con ojos múltiples. Lo llamaron Manos . Era un ser intermedio. No era uno de Ellos, pero los servÃa.
—¿Habla? —preguntó Favalli.
—No con palabras —respondió Juan—. Pero entiende todo.
Manos no mostró resistencia. No intentó escapar. Se dejó estudiar. ParecÃa más un esclavo que un enemigo. Fue entonces cuando, con un sistema rudimentario de comunicación, reveló lo más temido.
—Ellos no solo están aquÃ. Ya han ganado en otros mundos.
Juan sintió que algo dentro de él se quebraba. La guerra no era por la Tierra. Era una repetición. Una invasión meticulosa, silenciosa, que habÃa funcionado en otros planetas. Y ahora llegaba su turno.