La IlÃada
La IlÃada 175 —¡Troyanos, licios, dárdanos que cuerpo a cuerpo combatÃs! Sed hombres, amigos, y mostrad vuestro impetuoso valor. Conozco que el Cronida me concede, benévolo, la victoria y una gloria inmensa y envÃa la perdición a los dánaos; quienes, oh necios, construyeron esos muros débiles y despreciables que no podrán contener mi arrojo, pues los caballos salvarán fácilmente el cavado foso. Cuando llegue a las cóncavas naves, acordaos de traerme el voraz fuego para que las incendie y mate junto a ellas a los argivos aturdidos por el humo.
184 Dijo, y exhortó a sus caballos con estas palabras:
185 —¡Janto, Podargo, Etón, divino Lampo! Ahora debéis pagarme el exquisito cuidado con que Andrómaca, hija del magnánimo Eetión, os ofrecÃa el regalado trigo y os mezclaba vinos para que pudieseis, bebiendo, satisfacer vuestro apetito antes que a mÃ, que me glorÃo de ser su floreciente esposo. Seguid el alcance, esforzaos, para ver si nos apoderamos del escudo de Néstor, cuya fama llega hasta el cielo por ser todo de oro, sin exceptuar las abrazaderas, y le quitamos de los hombros a Diomedes, domador de caballos, la labrada coraza que Hefesto fabricó. Creo que, si ambas cosas consiguiéramos, los aqueos se embarcarÃan esta misma noche en las veleras naves.