La IlÃada
La IlÃada 391 —Héctor me hizo salir fuera de juicio con muchas y perniciosas promesas: accedió a darme los solÃpedos corceles y el carro con adornos de bronce del eximio Pelión, para que, acercándome durante la rápida y obscura noche a los enemigos, averiguase si las veleras naves son guardadas todavÃa, o los aqueos, vencidos por nuestras manos, piensan en la fuga y no quieren velar porque el cansancio abrumador los rinde.
400 DÃjole sonriendo el ingenioso Ulises:
401 —Grande es el presente que tu corazón anhelaba. ¡Los corceles del aguerrido Eácida! DifÃcil es que ninguno de los mortales los sujete y sea por ellos llevado, fuera de Aquiles, que tiene una madre inmortal. Pero, ea, habla y dime con sinceridad: ¿Dónde, al venir, has dejado a Héctor, pastor de hombres? ¿En qué lugar tiene las marciales armas y los caballos? ¿Cómo se hacen las guardias y de qué modo están dispuestas las tiendas de los troyanos? Cuenta también lo que están deliberando: si desean quedarse aquà cerca de las naves y lejos de la ciudad, o volverán a ella cuando hayan vencido a los aqueos.
412 Contestó Dolón, hijo de Eumedes: