La IlÃada
La IlÃada 540 —¿Cuál de las deidades, oh doloso, ha conversado contigo? Siempre te es grato, cuando estás lejos de mÃ, pensar y resolver algo secretamente, y jamás te has dignado decirme una sola palabra de lo que acuerdas.
544 Respondióle el padre de los hombres y de los dioses:
545 —¡Hera! No esperes conocer todas mis decisiones, pues te resultará difÃcil aun siendo mi esposa. Lo que pueda decirse, ningún dios ni hombre lo sabrá antes que tú; pero lo que quiera resolver sin contar con los dioses, no lo preguntes ni procures averiguarlo.
551 Replicó enseguida Hera veneranda, la de ojos de novilla:
552 —¡TerribilÃsimo Cronida, qué palabras proferiste! No será mucho lo que te haya preguntado o querido averiguar, puesto que muy tranquilo meditas cuanto te place. Mas ahora mucho recela mi corazón que te haya seducido Tetis, la de argénteos pies, hija del anciano del mar. Al amanecer el dÃa sentóse cerca de ti y abrazó tus rodillas; y pienso que le habrás prometido, asintiendo, honrar a Aquiles y causar gran matanza junto a las naves aqueas.
560 Y contestándole, Zeus, que amontona las nubes, le dijo: