La IlÃada
La IlÃada 216 —¡Oh Aquiles, hijo de Peleo, el más valiente de todos los aqueos! Eres más fuerte que yo y me superas no poco en el manejo de la lanza, pero te aventajo mucho en el pensar, porque nacà antes y mi experiencia es mayor. Acceda, pues, tu corazón a lo que voy a decir. Pronto se cansan los hombres de pelear, si, haciendo caer el bronce muchas espigas al suelo, la mies es escasa, porque Zeus, el árbitro de la guerra humana, inclina al otro lado la balanza. No es justo que los aqueos lloren al muerto con el vientre, pues siendo tantos los que sucumben unos en pos de otros todos los dÃas, ¿cuándo podrÃamos respirar sin pena? Se debe enterrar con ánimo firme al que muere y llorarle un dÃa, y luego cuantos hayan escapado del combate funesto piensen en comer y beber para vestir otra vez el indomable bronce y pelear continuamente y con más tesón aún contra los enemigos. Ningún guerrero deje de salir aguardando otra exhortación, que para su daño la esperará quien se quede junto a las naves argivas. Vayamos todos juntos y excitemos al cruel Ares contra los troyanos, domadores de caballos.