La IlÃada
La IlÃada 199 —¡Atrida gloriosÃsimo, rey de hombres, Agamenón! Todo esto debierais hacerlo cuando se suspenda el combate y no sea tan grande el ardor que inflama mi pecho. ¡Yacen insepultos los que mató Héctor Priámida cuando Zeus le dio gloria, y vosotros nos aconsejáis que comamos! Yo mandarÃa a los aqueos que combatieran en ayunas, sin tomar nada; y que a la puesta del sol, después de vengar la afrenta, celebraran un gran banquete. Hasta entonces no han de entrar en mi garganta ni manjares ni bebidas, a causa de la muerte de mi compañero; el cual yace en la tienda, atravesado por el agudo bronce, con los pies hacia el vestÃbulo y rodeado de amigos que le lloran. Por esto, aquellas cosas en nada interesan a mi espÃritu, sino tan sólo la matanza, la sangre y el triste gemir de los guerreros.
215 Respondióle el ingenioso Ulises: