La IlÃada
La IlÃada 56 —SerÃa como dices, oh tú que llevas arco de plata, si a Aquiles y a Héctor los tuvierais en igual estima. Pero Héctor fue mortal y diole el pecho una mujer; mientras que Aquiles es hijo de una diosa a quien yo misma alimenté y crié y casé luego con Peleo, varón cordialmente amado por los inmortales. Todos los dioses presenciasteis la boda; y tú pulsaste la cÃtara y con los demás tuviste parte en el festÃn; ¡oh amigo de los malos, siempre pérfido!
64 Replicó Zeus, el que amontona las nubes:
63 —¡Hera! No te irrites tanto contra las deidades. No será el mismo el aprecio en que los tengamos; pero Héctor era para los dioses, y también para mÃ, el más querido de cuantos mortales viven en Ilio, porque nunca se olvidó de dedicamos agradables ofrendas, jamás mi altar careció ni de libaciones ni de vÃctimas, que tales son los honores que se nos deben. Desechemos la idea de robar el cuerpo del audaz Héctor: es imposible que se haga a hurto de Aquiles, porque siempre, de noche y de dÃa, le acompaña su madre. Mas, si alguno de los dioses llamase a Tetis para que se me acercara, yo le dirÃa a ésta lo que fuere oportuno para que Aquiles, recibiendo los dones de PrÃamo, restituyera el cadáver.