La Ilíada

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77 Así se expresó. Levantóse Iris, de pies rápidos como el huracán, para llevar el mensaje; saltó al negro ponto entre Samos y la escarpada Imbros, y resonó el estrecho. La diosa se lanzó a lo profundo, como desciende el plomo asido al cuerno de un buey montaraz que lleva la muerte a los voraces peces. En la profunda gruta halló a Tetis y a otras muchas diosas marinas que la rodeaban: la ninfa lloraba, en medio de ellas, la suerte de su hijo irreprensible, que había de perecer en la fértil Troya, lejos de la patria. Y, acercándosele Iris, la de los pies ligeros, así le dijo:

88 —Ven, Tetis, pues te llama Zeus, el conocedor de los eternales decretos.

89 Respondióle la diosa Tetis, de argénteos pies:

90 —¿Por qué aquel gran dios me ordena que vaya? Me da vergüenza juntarme con los inmortales, pues son muchas las penas que conturban mi corazón. Esto no obstante, iré para que sus palabras no resulten vanas y sin efecto.




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