La IlÃada
La IlÃada 239 —¡Idos ya, hombres infames y vituperables! ¿Por ventura no hay llanto en vuestra casa, que venÃas a afligirme? ¿O creéis que son pocos los pesares que Zeus Cronida me envÃa, con hacerme perder un hijo valiente? También los probaréis vosotros. Muerto él, será mucho más fácil que los argivos os maten. Pero antes que con estos ojos vea la ciudad tomada y destruida, descienda yo a la mansión de Hades.
247 Dijo, y con el cetro echó a los hombres. Éstos salieron apremiados por el anciano. Y enseguida PrÃamo reprendió a sus hijos Héleno, Paris, Agatón divino, Pamón, AntÃfono, Polites valiente en la pelea, DeÃfobo, Hipótoo y el conspicuo DÃo; a los nueve los increpó y les dio órdenes, diciendo:
253 —¡Daos prisa, malos hijos, ruines! Ojalá que en lugar de Héctor hubieseis muerto todos en las veleras naves. ¡Ay de mÃ, desventurado, que engendré hijos valentÃsimos en la vasta Troya, y ya puedo decir que ninguno me queda! Al divino Méstor, a Troilo, que combatÃa en carro, y a Héctor, que era un dios entre los hombres y no parecÃa hijo de un mortal, sino de una divinidad, Ares les dio muerte; y restan los que son indignos, embusteros, danzarines, señalados únicamente en los coros y hábiles en robar al pueblo corderos y cabritos. Pero ¿no me prepararéis al instante el carro, poniendo en él todas estas cosas, para que emprendamos el camino?