La Odisea - Versión Resumida
La Odisea - Versión Resumida Aun así, descendió. Al cruzar el umbral del gran salón, el olor a azufre y humo purificador llenaba el aire. Se sentó frente a Odiseo, al otro lado de la luz del fuego. El héroe, vestido aún con harapos, se mantenía apoyado contra una columna, con la mirada baja, esperando que su esposa diera el primer paso. El silencio entre ellos se volvió denso, insoportable. Era un abismo de veinte años de dolor comprimido en una sola habitación.
Telémaco, incapaz de soportar la frialdad de su madre, estalló. «¡Madre, tienes un corazón de piedra! ¿Cómo puedes sentarte lejos de él y no hacerle preguntas? Ninguna mujer en el mundo mantendría esa distancia con el esposo que regresa tras tantas fatigas».
Penélope lo miró con una calma que desarmaba. «Mi mente está paralizada, hijo. No puedo hablarle ni mirarlo a los ojos. Pero si realmente es Odiseo, nos reconoceremos. Tenemos secretos, señales que solo nosotros dos conocemos y que están ocultas para el resto del mundo».