La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Ese fue mi error fatal. Mientras yo dormÃa, la codicia envenenó la mente de mis hombres. Susurraron entre ellos, convencidos de que el odre de Eolo estaba repleto de oro y plata que yo pretendÃa acaparar. Desataron el hilo de plata. En un segundo, todos los vientos huracanados estallaron al unÃsono. La nave fue sacudida violentamente, alejándonos de nuestra patria mientras mis hombres lloraban de terror. Me desperté con el caos estallando a mi alrededor y, por un momento, consideré arrojarme al mar y acabar con todo. Pero tragué mi desesperación, me cubrà la cabeza con el manto y me dejé llevar por la tormenta, que nos arrastró de vuelta a Eolia.
Esta vez, no hubo banquetes. Cuando me arrastré hasta el palacio de Eolo para suplicar ayuda, el rey me miró con absoluto desprecio. "¡Sal de mi isla, el más malvado de los vivos!", rugió. "No puedo ayudar a un hombre a quien los dioses aborrecen de esta manera". Nos expulsó como a perros callejeros.