La Odisea - Versión Resumida
La Odisea - Versión Resumida —¡Abuelo! —exclamó Eumeo, respirando con agitación—. En un tris estuvo que los perros te destrozaran. HabrÃa sido una mancha imborrable para mÃ. Ya tengo suficiente con el dolor que me consume, criando cerdos gordos para que una jaurÃa de usurpadores se los devore, mientras mi verdadero amo, si es que aún ve la luz del sol, vaga hambriento por tierras extrañas. Pero ven, entra. Sáciate de pan y vino, y luego me contarás quién eres y qué infortunios te han traÃdo hasta aquÃ.
Dentro de la humilde cabaña, Eumeo le preparó un lecho con ramas secas y una gruesa piel de cabra montés. Odiseo, conmovido hasta la médula por la hospitalidad incondicional de aquel hombre, bendijo al pastor. Eumeo, encogiéndose de hombros, replicó que todo forastero viene de parte de Zeus, lamentando nuevamente la pérdida del amo que le habrÃa dado una casa, una esposa y tierras. Sin perder tiempo, el porquerizo sacrificó dos lechones, los asó y se los sirvió al forastero con vino dulce en una copa de hiedra, disculpándose por no poder ofrecerle los cerdos cebados, que estaban reservados para la tiranÃa de los pretendientes.