La Odisea - versión resumida
La Odisea - versión resumida Los caballos volaron sobre la llanura. Al llegar a Pilos, Telémaco demostró que ya no era el niño inseguro que partió de Ítaca. Le suplicó a Pisístrato que no lo llevara al palacio de Néstor, sabiendo que el anciano rey lo retendría durante días con banquetes y discursos. Pisístrato, comprendiendo la urgencia, lo dejó directamente en el puerto. Mientras Telémaco rezaba y preparaba la nave para zarpar, un hombre ensombrecido por el crimen emergió de las brumas de la playa. Era Teoclímeno, un adivino del linaje de Melampo, que huía de Argos tras haber asesinado a un hombre de su propia tribu. Desesperado, le rogó asilo. Telémaco, asumiendo su autoridad de líder y señor, no dudó en acogerlo a bordo, prometiéndole protección.
A cientos de millas de allí, en la rústica cabaña de Ítaca, Odiseo volvía a poner a prueba a Eumeo. Anunció que al día siguiente se marcharía a la ciudad para mendigar en el palacio y ofrecerse como sirviente a los pretendientes. Eumeo palideció de horror. Le rogó que no cometiera tal suicidio, advirtiéndole que aquellos hombres arrogantes jamás aceptarían a un viejo andrajoso y que lo molerían a golpes. Le exigió que se quedara hasta que Telémaco regresara. Aceptando esperar, Odiseo preguntó por los padres del rey. Eumeo le relató, con voz quebrada, cómo Anticlea había muerto consumida por la pena y cómo Laertes vivía como un salvaje en el campo, deseando la muerte a cada instante.