La Odisea
La Odisea 835 El obscuro fantasma le contestó diciendo: —No te revelaré claramente si vive o ha muerto porque es malo hablar de cosas vanas.
838 Cuando esto hubo dicho, fuese por la cerradura de la puerta como un soplo de viento. Despertóse la hija de Icario y se le alegró el corazón porque había tenido tan claro sueño en la obscuridad de la noche.
842 Ya los pretendientes se habían embarcado y navegado por la líquida llanura, maquinando en su pecho una muerte cruel para Telémaco. Hay en el mar una isla pedregosa, en medio de Ítaca y de la áspera Samos —Asteris—, que no es extensa, pero tiene puertos de doble entrada, excelentes para que fondeen los navíos: allí los aqueos se pusieron en emboscada para aguardar a Telémaco.