La Odisea

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810 —¡Hermana! ¿A qué has venido? Hasta ahora no solías frecuentar el palacio, porque se halla muy lejos de tu morada. ¡Mandas que cese mi aflicción y los muchos pesares que me conturban la mente y el ánimo! Anteriormente perdí un egregio esposo que tenía el ánimo de un león y descollaba sobre los dánaos en toda clase de excelencias, varón ilustre cuya fama se difundía por la Hélade y en medio de Argos; y ahora mi hijo amado se fue en cóncavo bajel, niño aún, inexperto en el trabajo y en el habla. Por éste me lamento todavía mas que por aquél, por éste tiemblo, y temo que padezca algún mal en el país de aquellos adonde fue, o en el ponto. Que son muchos los enemigos que están maquinando contra él, deseosos de matarle antes de que llegue a su patria tierra.

824 El obscuro fantasma le respondió diciendo: —Cobra ánimo y no sientas en tu pecho excesivo temor. Tu hijo va acompañado por quien desearan muchos hombres que a ellos les protegiese como puede hacerlo, por Palas Atenea, que se compadece de ti y me envía a participarte estas cosas.

830 Entonces hablóle de esta manera la prudente Penelopea: —Pues si eres diosa y has oído la voz de una deidad, ea, dime si aquel desgraciado vive aún y goza de la lumbre del sol, o ha muerto y se halla en la morada de Hades.


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