La Odisea
La Odisea 171 Asà dijo. Estremecióse el paciente divinal Odiseo y respondió con estas aladas palabras:
173 —Algo revuelves en tu pensamiento, oh diosa, y no por cierto mi partida, al ordenarme que atraviese en una balsa el gran abismo del mar, tan terrible y peligroso que no lo pasarán fácilmente naves de buenas proporciones, veleras, animadas por un viento favorable que les enviara Zeus. Yo no subirÃa en la balsa, mal de tu grado, si no te resolvieras a prestarme firme juramento de que no maquinarás causarme ningún otro pernicioso daño.
180 —Asà habló. Sonrióse Calipso, la divina entre las diosas; y, acariciándole con la mano, le dijo estas palabras:
182 —Eres en verdad injusto, aunque no sueles pensar cosas livianas, cuando tales palabras te has atrevido a proferir. Sépalo ahora la Tierra y desde arriba el anchuroso Cielo y el agua corriente de la Estix —que es el juramento mayor y más terrible para los bienaventurados dioses—: no maquinaré contra ti ningún pernicioso daño, y pienso y he de aconsejarte cuanto para mi misma discurriera si en tan grande necesidad me viese. Mi intención es justa, y en mi pecho no se encierra un ánimo férreo sino compasivo.