La Odisea
La Odisea 289 Oh forastero, entiende bien lo que voy a decir, para que pronto logres de mi padre que te dé compañeros y te haga conducir a tu patria. Hallarás junto al camino un hermoso bosque de álamos, consagrado a Atenea, en el cual mana una fuente y a su alrededor se extiende un prado: allà tiene mi padre un campo y una viña floreciente, tan cerca de la ciudad que puede oÃrse el grito que en ésta se de. Siéntate en aquel lugar y aguarda que nosotras, entrando en la población lleguemos al palacio de mi padre. Y cuando juzgues que ya habremos de estar en casa, encamÃnate también a la ciudad de los feacios y pregunta por la morada de mi padre, del magnánimo AlcÃnoo; la cual es fácil de conocer y a ella te guiará hasta un niño, pues las demás casas de los feacios son muy diferentes de la del héroe AlcÃnoo.
303 Después que entrares en el palacio y en el patio del mismo, atravesarás la sala rápidamente hasta que llegues adonde mi madre, sentada al resplandor del fuego del hogar, de espaldas a una columna, hila lana purpúrea, cosa admirable de ver, y tiene detrás de ella a las esclavas. Allà también, cerca del hogar, se levanta el trono en que mi padre se sienta y bebe vino como un inmortal. Pasa por delante de él y tiende los brazos a las rodillas de mi madre, para que pronto amanezca el alegre dÃa de tu regreso a la patria por lejos que ésta se halle. Pues si mi madre te fuere benévola, puedes concebir la esperanza de ver a tus amigos y de llegar a tu casa bien labrada y a tu patria tierra.