La Odisea
La Odisea 308 Respondióle AlcÃnoo diciendo: —¡Huésped! No encierra mi pecho corazón de tal Ãndole que se irrite sin motivo, y lo mejor es siempre lo más justo. Ojalá, ¡por el padre Zeus, Atenea y Apolo!, que siendo cual eres y pensando como yo pienso, tomases a mi hija por mujer y fueras llamado yerno mÃo, permaneciendo con nosotros. Diérate casa y riquezas, si de buen grado te quedaras; que contra tu voluntad ningún feacio te ha de detener, pues eso disgustarÃa al padre Zeus. Y desde ahora decido, para que lo sepas bien, que tu viaje se haga mañana: en durmiéndote, vencido del sueño, los compañeros remarán por el mar en calma hasta que llegues a tu patria y a tu casa, o adonde te fuere grato, aunque esté mucho más lejos que Eubea; la cual dicen que se halla muy distante los ciudadanos que la vieron cuando llevaron al rubio Radamantis a visitar a Titio, hijo de la Tierra: fueron allá y en un solo dÃa y sin cansarse terminaron el viaje y se restituyeron a sus casas. Tú mismo apreciarás cuán excelentes son mis naves y cuán hábiles los jóvenes en batir el mar con los remos.
329 Asà dijo. Alegróse el paciente divinal Odiseo y, orando, habló de esta manera:
331 —¡Padre Zeus! Ojalá que AlcÃnoo lleve a cumplimiento cuanto ha dicho; que su gloria jamás se extinga sobre la fértil tierra y que logre yo volver a mi patria.