La Odisea
La Odisea 334 Así éstos conversaban. Arete, la de los níveos brazos, mandó a las esclavas que pusieron un lecho debajo del pórtico, lo proveyesen de hermosas colchas de púrpura, extendiesen por encima tapetes, y dejasen afelpadas túnicas para abrigarse.
339 Las doncellas salieron del palacio llevando en sus manos hachas encendidas, y en acabando de hacer diligentemente la cama, presentáronse a Odiseo y le llamaron con estas palabras:
342 —Levántate huésped, y vete a acostar, que ya está hecha tu cama.
344 Así dijeron, y le pareció grato dormir. De este modo el paciente divinal Odiseo durmió allí, en torneado lecho, debajo del sonoro pórtico. Y Alcínoo se acostó en el interior de la excelsa mansión, y a su lado la reina, después de aparejarle lecho y cama.