La Odisea
La Odisea 266 —¡Oh alumno de Zeus! No me lleves allá, mal de mi grado; déjame aquÃ; pues sé que no volverás ni traerás a ninguno de tus compañeros. Huyamos en seguida con los presentes, que aún nos podremos librar del dÃa cruel.
270 Asà me habló; y le contesté diciendo: —¡EurÃloco! Quédate tú en este lugar, a comer y a beber junto a la cóncava y negra embarcación; mas yo iré, que la dura necesidad me lo manda.
274 Dicho esto, alejéme de la nave y del mar. Pero cuando, yendo por el sacro valle, estaba a punto de llegar al gran palacio de Circe, la conocedora de muchas drogas, y ya enderezaba mis pasos al mismo, salióme al encuentro Hermes, el de la áurea vara, en figura de un mancebo barbiponiente y graciosÃsimo en la flor de la juventud. Y tomándome la mano, me habló diciendo: