La Odisea
La Odisea 627 Cuando asà hubo dicho, volvió a internarse en la morada de Hades y yo me quedé inmóvil, por si acaso venÃa algún héroe de los que murieron anteriormente. Y hubiera visto a los hombres antiguos a quienes deseaba conocer —a Teseo y a PirÃtoo, hijos gloriosos de las deidades—; pero congregóse, antes que llegaran, un sinnúmero de difuntos con griterÃa inmensa y el pálido terror se apoderó de mÃ, temiendo que la ilustre Persefonea no me enviase del Hades la cabeza de Gorgona, horrendo monstruo.
636 Volvà en seguida al bajel y ordené a mis compañeros que se embarcaran y desataran las amarras. Embarcáronse acto continuo y se sentaron en los bancos. Y la onda de la corriente llevaba nuestra embarcación por el rÃo Océano, empujada al principio por los remos y más adelante por próspero viento.