La Odisea
La Odisea 418 Diciendo así, cortó leña con el despiadado bronce, mientras los pastores introducían un gordísimo puerco de cinco años que dejaron junto al hogar; y el porquerizo no se olvidó de los inmortales, pues tenía buenos sentimientos: ofrecióles las primicias arrojando en el fuego algunas cerdas de la cabeza del puerco de blanca dentadura, y pidió a todos los dioses que el prudente Odiseo volviera a su casa. Después alzó el brazo y con un tronco de encina que había dejado al cortar leña hirió al puerco que cayó exánime. Ellos lo degollaron, lo chamuscaron y seguidamente lo partieron en pedazos. El porquerizo empezó tomando una parte de cada miembro del animal, envolvió en pingüe grasa los trozos crudos y, polvoreándolos de blanca harina, los echó en el fuego. Dividieron lo restante en pedazos más chicos que espetaron en los asadores, los asaron cuidadosamente y, retirándolos del fuego, los colocaron todos juntos encima de la mesa. Levantóse a hacer partes el porquerizo, cuya mente tanto apreciaba la justicia, y, dividiendo los trozos, formó siete porciones: ofreció una a las ninfas y a Hermes, hijo de Maya, a quienes dirigió votos, y distribuyó las demás a los comensales, honrando a Odiseo con el ancho lomo del puerco de blanca dentadura, cual obsequio alegróle el espíritu a su señor.
439 En seguida el ingenioso Odiseo le habló diciendo: