La Odisea

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440 —¡Ojalá seas, oh Eumeo, tan caro al padre Zeus como a mí mismo, pues, aun estando como estoy, me honras con excelentes dones!

442 Y tú le respondiste, así, porquerizo Eumeo:

443 —Come, oh el más infortunado de los huéspedes, y disfruta de lo que tienes adelante; pues la divinidad te dará esto y te rehusará aquello, según le plegue a su ánimo puesto que es todopoderosa.

446 Dijo, sacrificó las primicias a los sempiternos dioses y, libando el negro vino, puso la copa en manos de Odiseo, asolador de ciudades, que junto a su porción estaba sentado.

449 Repartióles el pan Mesaulio, a quien el porquerizo había adquirido por sí solo, en la ausencia de su amo y sin ayuda de su dueña ni del anciano Laertes, comprándolo a unos tafios con sus propios bienes. Todos metieron mano en las viandas que tenían delante. Y así que hubieron satisfecho el deseo de comer y de beber, Mesaulio quitó el pan, y ellos, hartos de pan y de carne, fuéronse sin dilación a la cama.

457 Sobrevino una noche mala y sin luna, en la cual Zeus llovió sin cesar, y el lluvioso Céfiro sopló continuamente y con gran furia. Y Odiseo habló del siguiente modo, tentando al porquerizo a fin de ver si se quitaría el manto para dárselo o exhortaría a alguno de los compañeros a que así lo hiciesen, ya que tan gran cuidado con él tenía.


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