La Odisea
La Odisea 27 Otra cosa te diré, que pondrás en tu corazón. Los más conspicuos de los pretendientes se emboscaron, para acechar tu llegada, en el estrecho que media entre Ítaca y la escabrosa Samos; pues quieren matarte cuando vuelvas al patrio suelo; pero me parece que no sucederá así y que antes sepultará la tierra en su seno a alguno de los pretendientes que devoran lo tuyo. Por eso, haz que pase el bien construido bajel a alguna distancia de las islas y navega de noche; y aquél de los inmortales que te guarda y te protege, enviará detrás de tu barco próspero viento. Así que arribes a la costa de Ítaca, manda la nave y todos los compañeros a la ciudad; y llégate ante todas las cosas al porquerizo, que guarda tus cerdos y te quiere bien. Pernocta allí y envíale a la ciudad para que lleve a la discreta Penelopea la noticia de que estás salvo y has llegado de Pilos.
43 Cuando así hubo hablado, fuese Atenea al vasto Olimpo. Telémaco despertó a Nestórida de su dulce sueño, moviéndolo con el pie, y le dijo estas palabras:
46 —¡Despierta, Pisístrato Nestórida! Lleva al carro los solípedos corceles y úncelos, para que nos pongamos en camino.
48 Mas Pisístrato Nestórida le repuso: