La Odisea
La Odisea 49 —¡Telémaco! Aunque tengamos prisa por emprender el viaje, no es posible guiar los corceles durante la tenebrosa noche; y ya pronto despuntará la aurora. Pero aguarda que el héroe Menelao Atrida, famoso por su lanza, traiga los presentes, los deje en el carro y nos despida con suaves palabras. Que para siempre dura en el huésped la memoria del varón hospitalario que le recibió amistosamente.
56 Asà le habló; y al momento vino la Aurora, de áureo trono. Entonces se les acercó Menelao, valiente en los combates, que se habÃa levantado de la cama, de junto a Helena, la de hermosa cabellera. El caro hijo de Odiseo no bien lo hubo visto, cubrió apresuradamente su cuerpo con la espléndida túnica, se echó el gran manto a las robustas espaldas y salió a su encuentro. Y, deteniéndose junto a él, hablóle asà el hijo del divinal Odiseo:
64 —¡Atrida, Menelao, alumno de Zeus, prÃncipe de hombres! Deja que parta ahora mismo a mi querida tierra, que ya siento deseos de volver a mi morada.
67 Respondióle Menelao, valiente en la pelea: