La Odisea
La Odisea 135 Una esclava dióles aguamanos, que traía en magnífico jarro de oro y vertió en fuente de plata, y puso delante de ellos una pulimentada mesa. La veneranda despensera trájoles pan y dejó en la mesa buen número de manjares, obsequiándolos con los que tenía guardados. Junto a ellos, el Boetoída cortaba la carne y repartía las porciones; y el hijo del glorioso Menelao escanciaba el vino. Todos metieron mano en las viandas que tenían delante.
143 Y apenas hubieron satisfecho la gana de beber y de comer, Telémaco y el preclaro hijo de Néstor engancharon los corceles, subieron al labrado carro y lo guiaron por el vestíbulo y el pórtico sonoro.
147 Tras ellos se fue el rubio Menelao Atrida llevando en su diestra una copa de oro, llena de dulce vino, para que hicieran la libación antes de partir; y, deteniéndose ante el carro, se la presentó y les dijo:
151 —¡Salud, oh jóvenes, y llevad también mi saludo a Néstor, pastor de hombres; que me fue benévolo, como un padre, mientras los aqueos peleamos en Troya!
154 Respondióle el prudente Telémaco:
155 —En llegando allá, oh alumno de Zeus, le diremos a Néstor cuanto nos encargas. Así me fuera posible, al tornar a Ítaca, hallando a Odiseo en su morada, contarle que vuelvo de tu palacio después de recibir toda clase de pruebas de amistad y llevando conmigo muchas y excelentes alhajas.