La Odisea
La Odisea 111 —¡Telémaco! Ojalá Zeus, el tonante esposo de Hera, te deje hacer el viaje como tu corazón desea. De cuantas cosas se guardan en mi palacio, voy a darte la más bella y preciosa. Te haré el presente de una cratera labrada, toda de plata con los bordes de oro, que es obra de Hefesto y diómela el héroe Fédimo, rey de los sidonios, cuando me acogió en su casa al volver yo a la mÃa. Tal es lo que deseo regalarte.
120 Diciendo asÃ, el héroe Atrida le puso en la mano la copa de doble asa; el fuerte Megapente le trajo la espléndida cratera, que dejó delante de él y Helena, la de hermosas mejillas, presentóse con el peplo en las manos y hablóle de esta suerte:
125 —También yo, hijo querido, te haré este regalo, que será una memoria de las manos de Helena, para que lo lleve tu esposa en la ansiada hora del casamiento; y hasta entonces guárdelo tu madre en el palacio. Y ojalá vuelvas alegre a tu casa bien construida y a tu patria tierra.
130 Diciendo asÃ, se lo puso en las manos y él lo recibió con alegrÃa. El héroe PisÃstrato tomó los presentes y fue colocándolos en la cesta del carro, después de contemplarlos todos con admiración.
133 Luego el rubio Menelao se los llevó a entrambos al palacio, donde se sentaron en sillas y sillones.