La Odisea
La Odisea 266 —De todo, oh forastero, voy a informarte con sinceridad. Por mi familia soy de Ítaca y tuve por padre a Odiseo, si todo no ha sido sueño; pero ya aquél debe de haber acabado de deplorable manera. Por esto vine con los compañeros y el negro bajel, por si lograba adquirir noticias de mi padre cuya ausencia se va haciendo tan larga.
271 Díjole entonces Teoclímeno semejante a un dios:
272 —También yo desamparé la patria por haber muerto a un varón de mi tribu, cuyos hermanos y compañeros son muchos en Argos, tierra criadora de corceles, y gozan de gran poder entre los aqueos; y ahora huyo de ellos, evitando la muerte y la negra Parca, porque mi hado es andar errante entre los hombres. Pero acógeme en tu bajel, ya que huyendo he venido a suplicarte: no sea que me maten, pues sospecho que me persiguen.
279 Respondióle el prudente Telémaco:
280 —No te rechazaré del bien proporcionado bajel, ya que deseas embarcarte. Sígueme, y allá te trataremos amistosamente, según los medios de que dispongamos.
282 Dicho esto, tomóle la broncínea lanza que dejó tendida en el tallado del corvo bajel; subió a la nave, surcadora del ponto, sentóse en la popa y colocó cerca de sí a Teoclímeno. Al punto soltaron las amarras.