La Odisea
La Odisea 509 —¿Y yo, hijo amado, adónde iré? ¿A qué casa de los varones que imperan en la áspera Ítaca? ¿Habré de encaminarme acaso donde está tu madre, a tu morada?
512 Respondióle el prudente Telémaco:
513 —En otras circunstancias te mandaría a mi casa, donde no faltan arbitrios para hospedar al forastero: mas ahora fuera lo peor para ti, porque yo no estaré y mi madre tampoco te ha de ver; que en el palacio no se muestra a menudo a los pretendientes, antes vive muy apartada en la estancia superior, labrando una tela. Voy a indicarte un varón a cuya casa puedes ir: Eurímaco, preclaro hijo del prudente Pólibo, a quien los ítacenses miran ahora como a un numen, pues es, con mucho, el mejor de todos y anhela casarse con mi madre y alcanzar la dignidad real que tuvo Odiseo. Mas Zeus Olímpico, que vive en el éter, sabe si antes de las bodas hará que luzca para los pretendientes un infausto día.
525 No hubo acabado de hablar, cuando voló en lo alto, hacia la derecha, un gavilán, el rápido mensajero de Apolo; el cual desplumaba una paloma que tenía entre sus garras, dejando caer las plumas a tierra entre la nave y el mismo Telémaco. Entonces Teoclímeno llamó a éste, separadamente de los compañeros, le tomó la mano y así le dijo: