La Odisea
La Odisea 531 —¡Telémaco! No sin ordenarlo un dios voló el ave a tu derecha; pues mirándola de frente, entendí que es agorera. No hay en la población de Ítaca un linaje más real que el vuestro y mandaréis allá perpetuamente.
535 Respondióle el prudente Telémaco:
536 —Ojalá se cumpliese lo que dices, oh forastero, que bien pronto conocerías mi amistad, pues te haría tantos presentes que te considerara dichoso quien contigo se encontrase.
539 Dijo; y habló así a Pireo, su fiel amigo:
540 —¡Pireo Clítida! Tú, que en las restantes cosas eres el más obediente de los compañeros que me han seguido a Pilos, llévate ahora mi huésped a tu casa, trátale con solícita amistad y hónrale hasta que yo llegue.
544 Respondióle Pireo, señalado por su lanza:
545 —¡Telémaco! Aunque fuere mucho el tiempo que aquí te detengas, yo me cuidaré de él y no echaré de menos los dones de la hospitalidad.
547 Cuando así hubo hablado, subió a la nave y ordenó a los compañeros que se embarcaran y desataran las amarras. Estos se embarcaron en seguida, sentándose por orden en los bancos.