La Odisea
La Odisea 307 —¡OÃdme, Eumeo y demás compañeros! Asà que amanezca quiero ir a la ciudad para mendigar y no seros gravoso ni a ti ni a tus amigos. Aconséjame bien y señálame un guÃa experto que me conduzca; y vagaré por la población, obligado por la necesidad, para ver si alguien me da una copa de vino y un cantero de pan. Yendo al palacio del divinal Odiseo, podré comunicar nuevas a la prudente Penelopea y mezclarme con los soberbios pretendientes por si me dieren de comer, ya que disponen de innumerables viandas.
317 Yo les servirÃa muy bien en cuanto me ordenaren. Voy a decirte una cosa y tu atiende y óyeme: merced a Hermes, el mensajero, el cual da gracia y fama a los trabajos de los hombres, ningún otro mortal competirÃa conmigo en el servir, lo mismo si tratase de amontonar debidamente la leña para encender el fuego, o de cortarla cuando está seca, de trinchar o asar carne, o de escanciar el vino, que son los servicios que los inferiores prestan a los mayores.
325 Y tú, muy afligido, le hablaste de esta manera, porquerizo Eumeo: