La Odisea

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361 Mientras vivió, aunque apenada, holgaba yo de preguntarle y consultarle muchas cosas, porque me había criado juntamente con Ctímene, la de largo peplo, su hija ilustre, a quien parió la postrimera: juntos nos criamos, y era yo honrado poco menos que su hija. En llegando ambos a la deseable pubertad, a Ctímene casáronla en Sama, recibiendo por su causa infinitos dones; y a mí púsome aquella un manto y una túnica, vestidos muy hermosos, dióme con qué calzar mis pies, me envió al campo y aun me quiso más en su corazón. Ahora me falta su amparo, pero las bienaventuradas deidades prosperan la obra en que me ocupo, de la cual como y bebo, y hasta doy limosna a venerandos suplicantes. Pero no me es posible oír al presente dulces palabras de mi dueña ni lograr de ella ninguna merced, pues el infortunio entró en el palacio con la llegada de esos hombres tan soberbios; y, con todo, tienen los criados gran precisión de hablar con su dueña y hacerle preguntas sobre cada asunto, y comer y beber y llevarse al campo alguno de aquellos presentes que alegran el ánimo de los servidores.

380 Respondióle, el ingenio Odiseo:




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