La Odisea
La Odisea 136 —Entiendo, hágome cargo, lo mandas a quien te comprende. Mas, ea, habla y dime con sinceridad si me iré de camino a participárselo al infortunado Laertes; el cual, aunque pasaba gran pena por la ausencia de Odiseo, iba a vigilar las labores y dentro de su casa comÃa y bebÃa con los siervos cuando su ánimo se lo aconsejaba; pero dicen que ahora, desde que te fuiste en la nave a Pilos, no come ni bebe como acostumbraba, ni vigila las labores, antes está sollozando y lamentándose, y la piel se le seca en torno a los huesos.
146 Contestóle el prudente Telémaco:
147 —Muy triste es, pero dejémoslo aunque nos duela; que si todo se hiciese al arbitrio de los mortales, escogerÃamos primeramente que luciera el dÃa del regreso de mi padre. Tú vuelve asà que hayas dado la noticia y no vagues por los campos en busca de aquél; pero encarga a mi madre que le envÃe escondidamente y sin perder tiempo la esclava despensera; y ésta se lo participará al anciano.
154 Dijo asà y dio prisa al porquero; quien tomó las sandalias y atándoselas a los pies, se fue a la ciudad. No dejó Atenea de advertir que el porquerizo Eumeo salÃa de la majada; y se acercó a ésta, transfigurándose en una mujer hermosa, alta y entendida en espléndidas labores.