La Odisea
La Odisea 440 —Silencio ahora, y ninguno de vuestros compañeros me hable si me encuentra en la calle o en la fuente: no sea que vayan a decírselo al viejo, allá en su morada; y éste, poniéndose receloso, me ate con duras cadenas y maquine cómo exterminaros a vosotros. Guardad en vuestra mente lo convenido y apresurad la compra de las provisiones para el viaje. Y así que el bajel esté lleno de vituallas, penetre alguien en el palacio para anunciármelo; y traeré cuanto oro me venga a las manos. Encima de esto quisiera daros otra recompensa por mi pasaje: en la casa cuídome de un hijo de ese noble señor, y es tan despierto que ya corre conmigo fuera del palacio; lo traeré a vuestra nave y os granjeará una suma inmensa dondequiera que en el país de otras gentes lo vendiereis.
454 Cuando así hubo dicho, fuese al hermoso palacio. Quedáronse los fenicios un año entero con nosotros y compraron muchas vituallas para la cóncava nave; mas, así que estuvo cargada y en disposición de partir, enviaron un propio para decírselo a la mujer.
459 Presentóse en casa de mi padre un hombre muy sagaz, que traía un collar de ámbar engastado en oro; y, mientras las esclavas de mi veneranda madre lo tomaban en las manos, lo contemplaban con sus ojos y ofrecían precio, aquél hizo a la mujer silenciosa señal y se volvió acto continuo a la cóncava nave.