La Odisea

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113 —¡Oh, forastero! Voy a informarte con gran sinceridad. No me hice odioso para que se airara conmigo todo el pueblo; ni tampoco he de quejarme de los hermanos, con cuya ayuda cualquier hombre pelea confiadamente aunque sea grande la lucha que se levante, pues el Cronión hizo que fueran siempre unigénitos los de mi linaje. Arcesio engendró a Laertes, su hijo único; éste no engendró mas que a mi padre Odiseo; y Odiseo, después de haberme engendrado a mi tan solamente, dejóme en el palacio y no disfrutó de mi compañía. Por esto hay en nuestra mansión innumerables enemigos. Cuantos próceres mandan en las islas, en Duliquio, en Same y en la selvosa Zacinto, y cuantos imperan en la áspera Ítaca, todos pretenden a mi madre y arruinan nuestra casa. Mi madre ni rechaza las odiosas nupcias, ni sabe poner fin a tales cosas, y ellos comen y agotan mi hacienda, y pronto acabarán conmigo mismo.

129 Mas el asunto esta en manos de los dioses. Y ahora tú, abuelo, ve aprisa y dile a la discreta Penelopea que estoy en salvo y que he llegado de Pilos. Yo me quedare aquí y tú vuelve inmediatamente que se lo hayas participado, pero a ella sola y sin que ninguno de los demás aqueos se entere; pues son muchos los que maquinan en mi daño cosas malas.

135 Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo:


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