La Odisea
La Odisea 409 Entonces la prudente Penelopea decidió otra cosa: mostrarse a los pretendientes que se portaban con orgullosa insolencia; pues supo por el heraldo Medonte, el cual había oído las deliberaciones, que en el palacio se tramaba la muerte de su propio hijo. Fuese hacia la sala, acompañándola sus esclavas. Cuando la divina entre las mujeres hubo llegado adonde estaban los pretendientes, paróse ante la columna que sostenía el techo sólidamente construido, con las mejillas cubiertas por espléndido velo, e increpó a Antínoo, diciéndole de esta suerte: