La Odisea

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387 Y si esta proposición os desplace y queréis que Telémaco viva y conserve íntegros los bienes paternos, de hoy más no le comamos en gran abundancia, reunidos todos aquí, las agradables riquezas; antes bien, pretenda cada cual desde su casa a Penelopea solicitándola con regalos de boda y cásese ella con quien le haga más presentes y venga designado por el destino.

393 Así habló. Todos enmudecieron y quedaron silenciosos, hasta que los arengó el preclaro hijo del rey Niso Aretíada, Anfínomo, que había venido de la herbosa Duliquio, abundante en trigo, estaba a la cabeza de los pretendientes y era el más grato a Penelopea porque sus palabras manifestaban buenos sentimientos. Este, pues, les arengó con benevolencia diciendo:

400 —¡Oh, amigos! Yo no quisiera matar de esa suerte a Telémaco, que es grave cosa destruir el linaje de los reyes; sino consultar primeramente la voluntad de las deidades. Si los decretos del gran Zeus lo aprobaren, yo mismo lo mataría, exhortándoos a todos a que me ayudarais; mas si los dioses nos apartaran de ese intento, os invitaría a que resistierais.

406 Así se expresó Anfínomo y a todos les plugo lo que dijo. Levantáronse en seguida, fuéronse a la casa de Odiseo y, en llegando, tomaron asiento en pulimentadas sillas.


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