La Odisea
La Odisea 460 Telémaco fue el primero en hablar y dijo de esta suerte:
461 —¡Llegaste ya, divinal Eumeo! ¿Qué se dice en la población? ¿Están en ella, de regreso de la emboscada, los soberbios pretendientes o me acechan aún, esperando que vuelva a mi casa?
464 Y tú le respondiste asÃ, porquerizo Eumeo:
465 —No me cuidé de inquirir ni de preguntar tales cosas mientras anduve por la ciudad; pues tan luego como di la noticia, incitóme el ánimo a venirme con toda diligencia. Encontróse conmigo un heraldo, diligente nuncio de tus compañeros, que fue el primero que le habló a tu madre. También sé otra cosa, que he visto con mis ojos. Al volver cuando ya me hallaba más alto que la ciudad, donde está el cerro de Hermes, vi que una velera nave bajaba a nuestro puerto; y en ella habÃa multitud de hombres, y estaba cargada de escudos y de lanzas de doble filo. Creà que serÃan ellos mas no puedo asegurarlo.
476 Asà se expresó. Sonrióse el esforzado y divinal Telémaco y volvió los ojos a su padre, recatándose de que lo viera el porquerizo.
478 Terminada la faena y dispuesto el banquete, comieron y a nadie le faltó su respectiva porción. Y ya satisfecha la gana de beber y de comer, pensaron en acostarse y el don del sueño recibieron.