La Odisea

La Odisea

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529 —Anda y hazle venir para que lo relate en mi presencia. Regocíjense los demás, sentados en la puerta o aquí en la sala, ya que tienen el corazón alegre porque sus bienes, el pan y el dulce vino, se guardan íntegros en sus casas, si no es lo que comen los criados; mientras que ellos vienen día tras día a nuestro palacio, nos degüellan los bueyes, las ovejas y las pingües cabras, celebran espléndidos festines, beben el vino locamente y así se consumen muchas de las cosas, porque no tenemos un hombre como Odiseo, que fuera capaz de librar a nuestra casa de la ruina. Si Odiseo tornara y volviera a su patria, no tardaría en vengar, juntándose con su hijo, las violencias de estos hombres.

541 Así dijo; y Telémaco estornudó tan recio que el palacio retumbó horrendamente. Rióse Penelopea y en seguida dirigió a Eumeo estas aladas palabras:

544 —Anda y tráeme ese forastero. ¿No ves que mi hijo estornudó a todas mis palabras? Esto indica que no dejará de llevarse al cabo la matanza de los pretendientes, sin que ninguno escape de la muerte y de las Parcas. Otra cosa te diré que pondrás en tu corazón: Si llego a conocer que cuanto me relatare es verdad, le entregaré un manto y una túnica, vestidos muy hermosos.

551 Así se expresó; fuese el porquero al oírlo y, llegándose adonde estaba Odiseo, le dijo estas aladas palabras:


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