La Odisea
La Odisea 508 —Ve, divinal Eumeo, acércate al huésped y mándale que venga para que yo le salude y le interrogue también acerca de si oyó hablar de Odiseo, de ánimo paciente, o lo vio acaso con sus propios ojos, pues parece que ha ido errante por muchas tierras.
512 Y tú le respondiste asÃ, porquerizo Eumeo:
513 —Ojalá se callaran los aqueos, oh reina; pues cuenta tales cosas, que encantarÃa tu corazón. Tres dÃas con sus noches lo detuve en mi cabaña, pues fui el primero a quien acudió al escaparse del bajel, pero ni aun asà pudo terminar la narración de sus desventuras. Como se contempla al aedo, que, instruido por los dioses, les canta a los mortales deleitosos relatos, y ellos no se cansan de oÃrle cantar, asà me tenÃa transportado mientras permaneció en mi majada. Asegura que fue huésped del padre de Odiseo y que vive en Creta, donde está el linaje de Minos. De allà viene, habiendo padecido infortunios y vagando de una parte a otra; y refiere que oyó hablar de Odiseo, el cual vive, está cerca —en el opulento paÃs de los tesprotos— y trae a esta casa muchas preciosidades.
528 Respondióle la discreta Penelopea: