La Odisea
La Odisea 410 Esto les dijo; y todos se mordieron los labios, admirándose de que Telémaco les hablase con tanta audacia. Y Anfínomo, el preclaro hijo del rey Niso Aretíada, les arengó de esta manera:
414 —¡Amigos! Nadie se irrite, oponiendo contrarias razones al dicho justo de Telémaco; y no maltratéis al huésped, ni a ninguno de los esclavos que moran en la casa del divino Odiseo. Mas, ea, comience el escanciano a repartir las copas para que, en haciendo la libación, nos vayamos a recoger en nuestras casas y dejaremos que el huésped se quede en el palacio de Odiseo, al cuidado de Telémaco, ya que a la morada de éste enderezó el camino.
422 Así habló; y el discurso les plugo a todos. El héroe Mulio, heraldo duliquiense y criado de Anfínomo, mezcló la bebida en una cratera, y sirvióla a cuantos se hallaban presentes, llevándosela por su orden; y ellos después de ofrecer la libación a los bienaventurados dioses, bebieron el dulce vino. Mas después que hubieron libado y bebido cuanto desearon, cada cual se fue a acostar a su propia casa.