La Odisea
La Odisea 135 No la acuses ahora hijo mÃo, que no es culpable. El huésped estuvo sentado y bebiendo vino hasta que le plugo; y en cuanto a comer, manifestó que ya no tenÃa más gana, y fue ella misma quien le hizo la pregunta. Tan luego como decidió acostarse para dormir, ordenó tu madre a las esclavas que le aderezasen la cama pero, como es tan mÃsero y desventurado, no quiso descansar en lecho ni entre colchas y se tendió en el vestÃbulo sobre una piel cruda de buey y otras de ovejas. Y nosotros le cubrimos con un manto.
144 Asà le dijo. Telémaco salió del palacio con su lanza en la mano y dos perros de ágiles pies que le seguÃan; y fuese al ágora a juntarse con los aqueos de hermosas grebas.
147 Entonces la divina entre las mujeres, Euriclea, hija de Ops Pisenórida, comenzó a mandar de este modo a las esclavas:
149 —Ea, algunas de vosotras barran el palacio diligentemente riéguenlo y pongan tapetes purpúreos en las labradas sillas; pasen otras la esponja por las mesas y limpien las crateras y las copas de doble asa, artÃsticamente fabricadas; y vayan las demás por agua a la fuente y tráiganla presto. Pues los pretendientes no han de tardar en venir al palacio; antes acudirán muy de mañana, que hoy es dÃa de fiesta para todos.