La Odisea
La Odisea 178 —¡Forastero! ¿Nos importunarás todavÃa en esta casa, con pedir limosna a los varones? ¿Por ventura no saldrás de aquÃ? Ya me figuro que no nos separaremos hasta haber probado la fuerza de nuestros brazos; porque tú no mendigas como se debe, que hay otros convites de los aqueos.
183 Asà se expresó. El ingenioso Odiseo no le dio respuesta pero meneó la cabeza silenciosamente, agitando en lo Ãntimo de su alma siniestros ardides.
185 Fue el tercero en llegar Filetio, mayoral de los pastores que traÃa una vaca no paridera y pingües cabras. Los barqueros, que conducen a cuantos hombres se les presentan, los habÃan transportado. Y, atando aquél las reses debajo del sonoro pórtico paróse junto al porquerizo y le interrogó de esta manera:
191 —¡Porquerizo! ¿Quién es ese forastero recién llegado a nuestra casa? ¿A qué hombres se gloria de pertenecer? ¿Dónde se hallan su familia y su patria tierra? ¡Infeliz! Parece, por su cuerpo, un rey soberano; mas los dioses anegan en males a los hombres que han vagado mucho cuando hasta a los reyes les destinan infortunios.
197 Dijo; y, parándose junto a Odiseo, le saludó con la diestra y le habló con estas aladas palabras: