La Odisea
La Odisea 334 Mas, ea, siéntate al lado de tu madre y dile que tome por esposo al varón más eximio y que más donaciones le haga para que tu sigas en posesión de los bienes de tu padre, comiendo y bebiendo de los mismos, y ella cuide la casa de otro.
338 Respondióle el prudente Telémaco:
339 —No, ¡por Zeus y por los trabajos de mi padre, que ha fallecido o va errante lejos de Ãtaca!, no difiero, oh Agelao las nupcias de mi madre; antes la exhorto a casarse con aquel que, siéndole grato, le haga muchÃsimos presentes, pero me darÃa vergüenza, arrojarla del palacio contra su voluntad y con duras palabras. ¡No permitan los dioses que asà suceda!
345 Asà dijo Telémaco. Palas Atenea movió a los pretendientes a una risa inextinguible y les perturbó la razón. ReÃan con risa forzada, devoraban sanguinolentas carnes, se les llenaron de lágrimas los ojos y su ánimo presagiaba el llanto.
350 Entonces TeoclÃmeno, semejante a un dios les habló de esta manera: