La Odisea
La Odisea 124 Seguidamente fuese al umbral y probó a tender el arco. Tres veces lo movió, con el deseo de armarlo, y tres veces hubo de desistir de su intento; aunque sin perder la esperanza de tirar de la cuerda y hacer pasar la flecha a través del hierro. Y lo habría armado tirando con gran fuerza por la cuarta vez; pero Odiseo se lo prohibió con una seña y le contuvo contra su deseo.
130 Entonces habló de esta manera el esforzado y divinal Telémaco:
131 —¡Oh, dioses! O tengo que ser en adelante ruin y menguado, o soy aún demasiado joven y no puedo confiar en mis brazos para rechazar a quien me ultraja. Mas, ea, probad el arco vosotros, que me superáis en fuerzas, y acabemos el certamen.
136 Diciendo así, puso el arco en el suelo, arrimándolo a las tablas de la puerta que estaban sólidamente unidas y bien pulimentadas, dejó la veloz saeta apoyada en el hermoso anillo, y volvióse al asiento que antes ocupaba.
140 Y Antínoo, hijo de Eupites, les habló de esta manera:
141 —Levantaos consecutivamente, compañeros, empezando por la derecha del lugar donde se escancia el vino.