La Odisea
La Odisea 143 Asà se expresó AntÃnoo y a todos les plugo cuanto dijo. Levantóse el primero, Leodes, hijo de Enope, el cual era el arúspice de los pretendientes y acostumbraba sentarse en lo más hondo, al lado de la magnÃfica cratera, siendo el único que aborrecÃa las iniquidades y que se indignaba contra los demás pretendientes. Tal fue quien primero tomó el arco y la veloz flecha.
149 En seguida se encaminó al umbral y probó el arco; mas no pudo tenderlo, que antes se le fatigaron, con tanto tirar, sus manos blandas y no encallecidas. Y al momento hablóles asà a los demás pretendientes:
152 —¡Oh, amigos! Yo no puedo armarlo; tómelo otro. Este arco privará del ánimo y de la vida a muchos prÃncipes, porque es preferible la muerte a vivir sin realizar el intento que nos reúne aquà continuamente y que nos hace aguardar dÃa tras dÃa. Ahora cada cual espera en su alma que se le cumplirá el deseo de casarse con Penelopea, la esposa de Odiseo; mas, tan pronto como vea y pruebe el arco, ya puede dedicarse a pretender a otra aquea, de hermoso peplo, solicitándola con regalo de boda; y luego se casará aquélla con quien le haga más presentes y venga designado por el destino.
163 Dichas estas palabras, apartó de sà el arco, arrimándolo a las tablas de la puerta, que estaban sólidamente unidas y bien pulimentadas, dejó la veloz saeta apoyada en el hermoso anillo, y volvióse al asiento que antes ocupaba.