La Odisea
La Odisea 147 Desfallecieron las rodillas y el corazón de Odiseo cuando les vio coger las armas y blandear las luengas picas; porque era grande el trabajo que se le presentaba. Y al momento dirigió a Telémaco estas aladas palabras:
151 —¡Telémaco! Alguna de las mujeres del palacio, o Melantio, enciende contra nosotros el funesto combate.
153 Respondióle el prudente Telémaco:
154 —¡Oh, padre! Yo tuve la culpa y no otro alguno, pues dejé sin cerrar la puerta sólidamente encajada del aposento. Su espÃa ha sido más hábil. Ve tú, divinal Eumeo a cerrar la puerta y averigua si quien hace tales cosas es una mujer o Melantio, el hijo de Dolio, como yo presumo.
160 Asà éstos conversaban, cuando el cabrero Melantio volvió a la estancia para sacar otras magnÃficas armas. Advirtiólo el divinal porquerizo y al punto dijo a Odiseo, que estaba a su lado:
164 —¡LaertÃada, del linaje de Zeus! ¡Odiseo, fecundo en ardides! Aquel hombre pernicioso de quien sospechábamos vuelve al aposento. Dime claramente si lo he de matar, caso de ser yo el más fuerte, o traértelo aquÃ, para que pague las muchas bellaquerÃas que cometió en tu casa.
170 Respondióle el ingenioso Odiseo: