La Odisea

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311 Entonces la discreta Penelopea le habló diciendo:

312 —¡Antínoo! No es decoroso ni justo que se ultraje a los huéspedes de Telémaco sean cuales fueren los que vengan a este palacio ¿Por ventura crees que si el huésped, confiando en sus manos y en su fuerza, tendiese el grande arco de Odiseo, me llevaría a su casa para tenerme por mujer propia? Ni él mismo concibió en su pecho semejante esperanza, ni por su causa ha de comer ninguno de vosotros con el ánimo triste; pues esto no se puede pensar razonablemente.

320 Respondióle Eurímaco, hijo de Pólibo:

321 —¡Hija de Icario! ¡Discreta Penelopea! No creemos que éste se te haya de llevar, ni el pensarlo fuera razonable, pero nos dan vergüenza los dizques de los hombres y de las mujeres; no sea que exclame algún aqueo peor que nosotros:

325 «Hombres muy inferiores pretenden la esposa de un varón intachable y no pueden armar el pulido arco; mientras que un mendigo que llegó errante, tendiólo con facilidad e hizo pasar la flecha a través del hierro». Así dirán, cubriéndonos de oprobio.

330 Repuso entonces la discreta Penelopea:


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