La Odisea
La Odisea 195 —Ya, oh Melantio, velarás toda la noche, acostado en esa blanda cama cual te mereces; y no te pasará inadvertida la Aurora de áureo trono, hija de la mañana, cuando salga de las corrientes del Océano a la hora en que sueles traerles las cabras a los pretendientes para aparejar su almuerzo.
200 Asà se quedó, suspendido del funesto lazo; y ellos se armaron en seguida, cerraron la espléndida puerta y fuéronse hacia el prudente y sagaz Odiseo. Allà se detuvieron, respirando valor. Eran, pues, cuatro los del umbral, y muchos y fuertes los de dentro de la sala.
205 Poco tardó en acercárseles Atenea, hija de Zeus, que habÃa tomado el aspecto y la voz de Méntor. Odiseo se alegró de verla y le dijo estas palabras:
208 —¡Méntor! Aparta de nosotros el infortunio y acuérdate del compañero amado que tanto bien solÃa hacerte; pues eres coetáneo mÃo.
210 Asà habló, sin embargo de haber reconocido a Atenea, que enardece a los guerreros. Por su parte zaherÃanla los pretendientes en la sala, comenzando por Agelao Damastórida, que le habló diciendo: